Como menciona José Manuel Esteve, nuestra práctica docente la realizamos con ensayos y errores, como nuestra propia vida, con libertad, así aprendemos realmente casi todo.
En ocasiones impartir alguna asignatura que nos imponen y no va de acuerdo a nuestro perfil y encontrar que tampoco los alumnos tienen gran interés en ella, es difícil, sobre todo cuando tenemos una preparación diferente a la encaminada a la docencia. Sin embargo lo verdaderamente importante es que logremos transmitirles la ciencia, la cultura y los valores. Esa es la tarea con la que debemos identificarnos, difícil y valiosa, porque esta visión no la adquirimos cuando empezamos a ser docentes, pero es necesario comprender que somos el puente, el facilitador, y debemos construir, buscar y encontrar la forma de despertar en nuestros alumnos el espíritu y el hambre de saber.
Debemos tener el reto de presentar correctamente nuestros contenidos, saber escuchar, preguntar y dominar los códigos y canales de comunicación para que los alumnos atiendan y entiendan, definir funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar los sistemas de trabajo y de evaluación, sin olvidar que lo más importante es ser un docente de humanidad.
Debemos trazarnos el objetivo de adquirir competencias, obtener empatía con nuestros alumnos, motivarlos, lograr una identidad docente y actualizarnos a través de esta especialidad en competencias, y en posteriores de manera constante, para no caer en la monotonía que ocasiona apatía en el alumno, si no por el contrario, ser creativos y tener la seguridad de que además de la asignatura, le estamos enseñando a resolver aspectos de su vida cotidiana, es una aventura que requiere atención especial y tiempo, pero que de lograrlo nos dará sin duda grandes satisfacciones en nuestro trayecto educativo.
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